Spa-Francorchamps es uno de los circuitos con mayor historia en el calendario del Mundial de Fórmula 1. El trazado belga lleva muchos años generando grandes carreras, siendo uno de los eventos favoritos de la mayor parte de los aficionados de la competición y de los propios pilotos. Curvas como Eau Rouge son santo y seña del automovilismo, un emblema de la competición automovilística más importante del mundo. En Prime Casino repasamos tres de las carreras que más han marcado en Spa.
El nacimiento de una leyenda en 1992
El 30 de agosto de 1992, en la carrera número 18 de su carrera en Fórmula 1, un piloto de 23 años con el Benetton amarillo cruzó la línea de meta en Spa-Francorchamps por primera vez en primera posición. Ese piloto era Michael Schumacher, y aquella fue su primera victoria de las 91 que conseguiría a lo largo de su carrera.
La temporada la dominaba Nigel Mansell con un Williams que era el dominador del campeonato. Cuando llegaron a Spa, el británico ya era campeón matemáticamente desde la carrera anterior. Schumacher salía tercero, detrás de Senna y del propio Mansell. La lluvia apareció al inicio y lo hizo todo más impredecible. Michael Schumacher y su equipo tomaron las mejores decisiones y acabaron llevándose una inesperada victoria por delante de Mansell y Riccardo Patrese.
El alemán cruzó la línea de meta con más de medio minuto de ventaja sobre Mansell y Spa fue el primer capítulo de su leyenda. Un año antes había debutado en ese mismo circuito, por lo que Bélgica siempre será un lugar especial en la carrera del siete veces campeón del mundo por diferentes motivos.
Un accidente masivo y Schumacher en el garaje de McLaren en 1998
Pocas carreras en la historia de la F1 concentran tanto drama en tan poco tiempo como el Gran Premio de Bélgica de 1998. Llovía de manera torrencial cuando se dio la salida. La visibilidad era prácticamente nula y David Coulthard y Eddie Irvine se tocaron en la bajada hacia Eau Rouge; el McLaren rebotó contra el muro y volvió al centro de la pista. Por detrás llegaba todo el pelotón a ciegas, envuelto en una cortina de agua. El resultado fue un choque en cadena de trece coches que acabó desencadenando en una bandera roja, una hora de parón y multitud de reparaciones por hacer en las barreras de seguridad.
Michael Schumacher dominó la resalida con autoridad. En la vuelta 25 llevaba cuarenta segundos sobre Damon Hill, segundo clasificado. La carrera parecía suya hasta que llegó el momento de doblar a David Coulthard, que iba rezagado. El escocés levantó el pie en plena recta para dejarle pasar, pero lo hizo dentro de la línea de carrera y con el spray tapando todo, por lo que Schumacher no vio nada y chocó contra la parte trasera del McLaren. Su Ferrari llegó al box con tres ruedas y ahí se acabó su carrera. De tenerla ganada a tener que abandonar.
Lo que vino después es una de las imágenes más recordadas del deporte. Schumacher bajó del coche muy enfadado, cruzó el pitlane y entró directo al garaje de McLaren a buscar a Coulthard. Años después, el propio Coulthard reconoció que había cometido un error de juicio al levantar el pie donde lo hizo. Damon Hill ganó la carrera con Jordan, la primera victoria del equipo en su historia. Para Hill era también la última de su carrera. Dos historias enormes en una carrera que quedó en la memoria de todos los aficionados a la Fórmula 1.
La esperpéntica carrera que duró tres vueltas en 2021
El Gran Premio de Bélgica de 2021 entró en los libros de récords por razones negativas. Llovía tanto que la carrera arrancó con más de dos horas de retraso, detrás del safety car, y nunca llegó a disputarse de verdad. Tres vueltas contadas detrás del coche de seguridad, con la pista inundada y sin apenas visibilidad, fueron suficientes para que la dirección de carrera sacara la bandera roja y suspendiera la prueba definitivamente.
El problema es que con dos vueltas completadas detrás del safety car, el reglamento permitía proclamar un ganador con puntos a media tabla. Max Verstappen, que salía primero, fue declarado vencedor de una carrera que nunca ocurrió. El paddock estalló. Los pilotos que habían remontado desde atrás, los equipos que habían apostado por estrategias distintas, los espectadores que llevaban horas esperando en las gradas bajo la lluvia: todo el mundo acabó enfadado. La FIA devolvió la mitad del dinero de los tickets, algo que tampoco calmó demasiado los ánimos, y se repartieron la mitad de los puntos. Todo ello puso de manifiesto el verdadero problema de los coches de Fórmula 1 actuales: no se puede correr bajo la lluvia, los pilotos pierden demasiada visibilidad y la FIA le tiene verdadero pánico al agua.






